Hablando de Cultura y Modernidad en Cuba
H A B L A N D O D E C U L T U R A Y M O D E R N I D A D E N C U B A “Detrás de la aparente simpleza de la petición percibo un reto tremendo a mis sentimientos y a mis juicios. Lo usual en la historia es que sólo algunas generaciones viven cambios sociales e individuales tan profundos y abarcadores que luego quedan registrados en las crónicas y en la Historia como revoluciones; las demás generaciones viven sus vidas, tan llenas de sentido como las de aquéllas, pero marcadas sólo por evoluciones, modas y sucesos (...) Yo los vivo, nosotros los vivimos, desde el mar de experiencias y la gran cultura política de los cubanos, desde el inmenso cambio cultural que sucedió en Cuba. Poder decir «nosotros» es un logro maravilloso en el mundo actual, en que la cultura que se promueve es la de la indiferencia ante la suerte de los demás, la cultura de la fragmentación, del miedo y de la resignación.” No cabe dudas, que estamos hablando de una nueva cultura, que se ha extendido para erradicar los malos cambios. Que rompe con las malas actitudes que han desembocado en la resignación o en la estrechez del pragmatismo. Tal vez por ello sería bueno enfatizar un poco en lo que se ha entendido hasta ahora por la concepción de cultura. Si partimos, que nos referimos al «cultivo en general, especialmente de las facultades humanas». Y entre sus otras acepciones estaríamos hablando del «conjunto de conocimientos científicos, literarios y artísticos adquiridos». Así también como el «conjunto de estructuras sociales, religiosas, etc; y de manifestaciones intelectuales, artísticas, etc, que caracterizan una sociedad». De esta acepción se desprende la «cultura de masas» que no es más que el conjunto de hechos ideológicos comunes a una gran masa de personas consideradas al margen de las distinciones de estructura social, difundidos en su seno por medio de técnicas industriales y ; la «cultura material» que es el conjunto de los rasgos culturales externos que conforman la vida económica y tecnológica en una sociedad determinada. Hubo una época, que pocos entre nosotros recordamos por experiencia personal, en que el concepto de 'modernidad' tenía un único significado, el de pertenecer a lo que actualmente denominamos civilización occidental (cualquiera puede ser su ignificado) y que, en tiempos remotos, estuvo estrechamente relacionada con objetos como los barcos de vapor, los sombreros tropicales, las constituciones, la publicación de la obra maestra de Darwin, Sobre el origen de las especies (1859), y la Exposición Universal. Fue también una época en que con relación a la cultura se polemizó en diferentes vertientes y, su mayor verticidad radicó en el tema, muchas veces discriminado por los post-modernistas, La 'modernidad' es, de hecho, un territorio sin límites difícil de reconocer. Hace mucho tiempo que se suceden los debates en torno a ello, debates que han dado lugar al concepto de 'posmodernidad'. Esto es para decirnos que, de alguna manera, la modernidad ya se ha Hablar de la cultura en la Modernidad, nos hace pensar en las tantas veces que se ha tratado de responder a una tradición cultural con respuestas políticas. No nos referimos a una política en el sentido vulgar y pedestre de los que la ejercen de manera superficial u oportunista, sino a partir de sólidos fundamentos culturales. Hablaríamos de hacer política con la acepción que la entendió José Martí, sólo de esta parte llegaríamos a situarnos en el plano más profundo de la cultura. En los momentos actuales, y también los anteriores, hemos luchado contra la imposición de culturas dominantes, a partir de aquí, se ha llegado a afirmar que «Cuba enfrenta sobre todo el riesgo de ser reabsorbida por el modo de reproducción capitalista, que en sus variantes es el modo dominante en la realidad mundial». Al mismo tiempo, se impone «una guerra cultural que libra el gran capitalismo a escala del planeta, para homogeneizar la información consumida, la opinión pública y hasta parte de los sentimientos de las poblaciones convertidas en público» 4. “El vigor de la cultura cubana en la contemporaneidad podrá medirse, en primer lugar, por su capacidad para sortear estas encrucijadas (crisis de ideas y de ética) con valor, talento e imaginación. Este vigor se puede sostener en la innegable explotación creadora que ha tenido lugar en más de 36 años de Revolución y que, lejos de estancarse, se multiplica sobre la base de la creatividad y el talento expresados en las difíciles circunstancias que estamos viviendo (...)” Al respecto, Gramsci considera que la moral y la religión son elementos de la cultura, plantea que existe una «moral del pueblo» representada por un conjunto de máximas de conducta práctica: habla, más bien, de una moral popular íntimamente relacionada con la religión. Sin embargo, Manuel Fraijó plantea que, con relación a la cultura y, partiendo de las luces y las sombras que expide con respecto a la modernidad; pudiera hablarse de «una crisis que tiene críticos serenos y detractores más que impulsivos». De los primeros se destacan los más ilustres pensadores, tales como José Agustín Caballero, Felix Varela, José Martí, José de la Luz y Caballero, entre otros seguidores de éstos. Entre los detractores figuran, por méritos propios, los impulsores de la postmodernidad. De éstos se dice, que en cuanto a la producción teórica «postmoderna» sólo se empeñan en escamotear las contradicciones de la época, bajo el supuesto de que, con la supremacía de un mundo unipolar, el fin de la historia ha llegado. Por consiguiente, se presencia un final de la historia pero no en el sentido retórico con que lo emplean los voceros del imperio «postmoderno». En cambio, lo intuimos como una dramática posibilidad, que fue denunciada por Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra, efectuada en Río Algunos pensamientos que repercuten en contra de la modernidad “Por lo que se refiere a la Modernidad, Nietzsche fue tajante. Con su acostumbrada contundencia llegará a decir que una idea «por el hecho de ser moderna es falsa». De ahí sus diatribas contra el El progreso no fue su único blanco, también identificó como modernas y, por tanto, como falsedades que cubren un espectro más amplio, «la libertad, los derechos iguales, el humanitarismo, la compasión, el pueblo, la raza, la nación, la democracia, la tolerancia, el utilitarismo, la civilización, la emancipación de las mujeres, la educación popular, la sociología». Como observan, Nietzsche sometió a un análisis cruel los logros e instituciones de la Modernidad. Pero es que para él, la democracia moderna era una forma decadente del Estado; la igualdad por la que tanto había luchado Europa era el «final de la justicia». Por ello, en Nietzsche, la Modernidad salta hecha añicos; nada de lo que había generado ésta le convence. Kant, el Otro pensamiento, digno de mencionar por su oposición a la Modernidad, es el de Walter Benjamín La Modernidad, altiva y orgullosa, tiende a sofocar todo lo que le precedió. Las citas, en cambio, mantienen encendida la antorcha del pasado, impiden que sólo se escuche al que más grita. También percibió que la Modernidad generaba hombres unidimensionales, y termina diciendo, que «la Modernidad, impone un ritmo trepidante y va abandonando en la cuneta a todos los que flaquean y no producen ni consumen según los parámetros previamente fijados».8 «La Modernidad no ha sido, ni mucho menos, un logro sostenido. Como todo lo humano, ha conocido auges, cansancios y declives (...) a finales del siglo XX, no la podemos mirar inocentemente. Levanta sospechas, impulsadas en su mayoría por los filósofos Marx, Feuerbach, Nietzsche, Perspectiva cultural de la Modernidad «Moltmann formula el problema así : Si no queremos caer en la ilusión materialista, habremos de ver que el mejoramiento de las condiciones de vida en los niveles económico, político, cultural y ecológico no produce automáticamente hombres y mujeres mejores. Sin la liberación interior de las personas humanas de la angustia radical no habrá nadie capaz de mejorar las condiciones de vida.» Al mismo tiempo, se habla de un retorno a lo religioso, en el sentido de una vuelta, una conversión sincera y profunda. Esto se presencia, quizás en un momento en el que parece que los símbolos se van degradando y vaciando extraordinariamente, es verdad que habría que recuperarlos y recrearlos, pero ¿no se estará propiciando el hecho de que sean los grupos humanos los que se transformen realmente en símbolos y experiencia religiosa para los demás? Hablaríamos, más bien, de una búsqueda, de una conversión para una autenticidad mayor, más explícita, más honda, de lo religioso. Otro punto en cuestión, sería, y se puede enunciar así: lo que se está viviendo en la crisis de la ciencia, y como la ciencia es la expresión por antonomasia de la razón en nuestra época, por implicación, se trata de una crisis de la razón. En esto Horkheimer y Adorno son herederos de la llamada “cultura de la crisis” que dominó en la Alemania de los años veinte-treinta, uno de cuyos por menores fue la afirmación de la “crisis de la ciencia” y el desprecio por la lógica formal. Esta herencia aparece en la crítica que hacen de la ciencia y de la tecnología en relación con la razón instrumental. Adorno, en su “Diagnóstico” (Mínima moralia, 80). A su vez, debe tenerse en cuenta que cuando Horkheimer y Adorno escriben La dialéctica de la ilustración tienen ya detrás de sí una amplia experiencia como investigadores en el ámbito sociocultural. El interés preferente de Adorno y Horkheimer era la crítica sociocultural (o mejor: la crítica de algunas subculturas particularmente significativas de nuestra época de “cultura de masas”). “El destino de una época cultural que ha comido del árbol de la ciencia es el detener que saber que no podemos deducir el sentido de los acontecimientos mundiales del resultado de su estudio, por muy completo que éste sea. Por el contrario, debemos ser capaces de crearlo por nosotros mismos. También tiene que saber que los ideales nunca pueden ser el producto de un saber empírico progresivo. Y, por lo tanto, que los ideales supremos que más nos conmueven sólo se manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados como los nuestros” (Weber). Crisis de la modernidad El sueño de la razón engendra monstruos, dice uno de los dibujos a los que Goya puso el nombre de "Caprichos". Y es verdad. La razón sola, dormida, sin las demás virtudes, lo hace. Fue, por cierto, una cosa muy propia de la modernidad el ver la razón como muy desligada de otros aspectos (afectivos, morales, etc.) del hombre. Se olvidó la noción de "razón recta" de la ética de la Edad Media, la cual no era la razón sola, entendida como pura discursividad o cumplimiento de reglas de inferencia o argumentativas, sino como la razón animada por algo más, que era el deseo o la intención de hacer el bien. Pero esto desaparece al fin de la Edad Media, con Ockham y Marsilio de Padua, y al principio de la modernidad, en el Renacimiento, con Maquiavelo. En efecto, Maquiavelo habla ya de una racionalidad fría, calculadora, estratégica. Lo que Habermas en su texto Perfiles filosófico-políticos llamará la razón instrumental. Por ello los llamados «postmodernos» miran con recelo la razón, e insisten en que hay que vincularla y hasta a veces suplirla con otras dimensiones del ser humano; tales como la pasión, el deseo, la voluntad, etc. Quizás es muy justo, ya que se refieren a la razón moderna, olvidadiza de todos los otros aspectos humanos, desligada de ellos, y se proponen volver a encontrar esa vinculación. Incluso con la fe, con el mito, y otras cosas. Pero no es necesario renunciar a la razón o suplirla por otra de las facultades o dimensiones antropológicas. De lo que se trata es de vincularla con ellas, volver a la conciencia de que pensamos con todo el ser humano. Una visión más holística del pensar, de la razón no como sola, sino acompañada. Muchos postmodernos se ven sobrecogidos por el miedo a la falsa y mala univocidad. Se preguntan con qué derecho se puede juzgar a otra cultura, desde la cultura particular propia. Aunque no sea de manera absoluta, este enjuiciamiento tiene que ser posible, so pena de dejar que toda cultura sea válida, se trate de la que sea, y podría darse — sin que pudiéramos evitarlo— el que una cultura aniquilara a otra, y tendríamos que permitirlo; sería válido. Tienen que ponerse límites al pluralismo. Desde la perspectiva particular se puede acceder a una verdad que la trascienda. Por supuesto que no como imposición de esa perspectiva unilateral, sino como atención e intento de comprender a los demás, y sacando de los que entran en juego aquellos valores y principios que se compartan y se tengan en común. El pluralismo es un ideal regulador, pero se da en lo concreto. En el caso de Cuba, algunos apuntan que «la prodigiosa acumulación cultural de la Revolución fue el valladar que evitó que la ola gigantesca levantada hace una década nos envolviera y ahogara (...) Cuba padeció una tremenda crisis económica, de efectos en gran parte vigentes todavía; pero la cohesión social y la abnegación y disciplina de la mayoría fueron decisivas».
Concluyendo Si se toma la literatura de las ciencias sociales de los últimos diez años, puede afirmarse que, básicamente, salvo los trabajos que se ubican teóricamente en la etapa precedente e intentan una teoría general, se trata de estudios que se refieren a cuatro procesos diferentes. Por supuesto que muchos tratan de establecer relaciones entre ellos, pero en general los cuerpos de literatura han dado origen a teorías de alcance medio sobre uno o otro de estos procesos. La construcción democrática, la redefinición del modelo de desarrollo e inserción internacional, la integración o democratización social, y El que ha fundamentado este trabajo, el cuarto proceso, relacionado pero no reductible a los anteriores, es la disputa en torno al modelo de modernidad. Esta consiste en el modo como en una sociedad se constituyen sus sujetos. La modernidad es la afirmación de sujetos, individuales o colectivos, constructores de su historia, y no se identifica con instrumentos o mecanismos determinados como pueden ser el mercado, la ciencia y la técnica. También la modernidad conoce una vertiente expresivo-subjetiva. En términos sociológicos estrictos no hay modernidad como algo externo a las sociedades, a lo que algunos privilegiados de la historia pueden llegar, sino "modernidades" o modelos de modernidad, es decir, formas societales históricas de constitución de sujetos. “La confusión entre modernidad y modelos históricos de modernización ha llevado a postular para América Latina la simple copia de los procesos específicos de modernización de los países desarrollados, principalmente el norteamericano. El neoliberalismo y los llamados "nuevos autoritarismos", básicamente militares, identificaron su proyecto histórico de modernización autoritaria con la modernidad.” Tras el concepto de post-modernidad prevalece también la visión etnocéntrica que identifica la modernidad con el modelo de modernización de ciertas sociedades. Como éste habría entrado en crisis, estaríamos pasando a una época post-moderna, cuyos rasgos no son a nuestro juicio sino otro tipo de modernidad. Si la cara positiva de la Iglesia se mostró al poner en el centro de las preocupaciones socio-política y económicas "la opción preferencial por los pobres" y, en algunos países, la cuestión de los derechos humanos contra las dictaduras, la cara más crítica parece mostrarse precisamente en el ámbito cultural, donde su oposición al modelo de modernidad considerado materialista, la lleva a oponerse a necesarios procesos de secularización y a acercarse a viejos integrismos y nuevos fundamentalismos. Hoy día, el espacio es cada vez más amplio para la comunicación y, por lo tanto, los modelos de apropiación del espacio comunicacional, son modelos de creatividad, de innovación, de No quiero terminar sin antes destacar las palabras de Ambrosio Fornet, en su ponencia “En defensa de la utopía”, palabras que se avienen muy bien al tema: “... (de) los grandes temas de este fin de milenio (el pasado): la globalización, el dominio de las transnacionales, la uniformación del gusto por la acción de los medios masivos... Como no soy experto en esa temática me limité a responder que a mi juicio esas no eran más que manifestaciones de un mismo fenómeno: el proceso de «americanización del mundo», como se le ha llamado desde principios de siglo a ese modo tentacular de expansión capitalista cuyo centro de irradiación está en los Estados Unidos (...) ahí subyace una dramática contradicción, porque «americanizarse», con todas sus connotaciones negativas, ha significado y significa también, para buena parte del mundo, «modernizarse». Y puesto que esa es una aspiración irrenunciable, lo que debíamos preguntarnos era si podía haber una modernidad
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA ADORNO,TH. Mínima Moralia (Material fotocopiado). Madrid: Ed. Taurus, 1987. ARCE VALENTÍN, SERGIO. Cuba: un pensamiento teológico revolucionario. La Habana: CE-CIC, 1983. DÁVALOS DOMÍNGUEZ, ROBERTO. Ciudad y cambio social en los 90. La Habana: Universidad de la Habana, 1999. DÍAZ SALAZAR, RAFAEL. Gramsci y la construcción del socialismo. San Salvador: UCA Editores, 1993. FRAIJÓ, MANUEL. Fragmentos de esperanza. Estella: Ed. Verbo Divino, 1992. GARRETÓN, MANUEL ANTONIO. Democratización, Desarrollo y Modernidad. Internet: www.A/garreto.htm. GIRARDI, GIULIO. El ahora de Cuba. Madrid: Editoriales. Nueva Utopía, CIC, Caminos, 1998. GÓMEZ MARTÍNEZ, JOSÉ LUIS. Modernidad beuchot 2. México: Internet. Jlgomez@ensayo.rom.uga.edu, 1998. HART DÁVALOS, ARMANDO. Hacia una dimensión cultural del desarrollo. La Habana: Ed. Creart, 1996. HINKELAMMERT, FRANZ J. Ensayos. La Habana: Ed. Caminos, 1999. HORKHEIMER, M. Ocaso (Material fotocopiado). Barcelona: Ed. Anthropos, 1986. REVISTA ARA. Ética y valores en la Cuba de hoy II. La Habana: CE-CIC, 1998. VARIOS. Cristianismo y Modernidad. Madrid: Ed. Nueva Utopía, 1993. VARIOS. Cultura y Revolución (a cuarenta años de 1959). La Habana: Ed. CASA, 1999.
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
